Pere Estupinyà, bioquímico y divulgador: "No importa cuánto vayamos a vivir, sino cómo, dónde y con quién queremos disfrutar esa nueva etapa"

Pere Estupinyà, bioquímico y divulgador: "No importa cuánto vayamos a vivir, sino cómo, dónde y con quién queremos…

La percepción social del envejecimiento atraviesa una transformación sin precedentes. Alcanzar el sexto decenio de existencia ya no equivale a recluirse en una rutina estática. Por el contrario, millones de personas mantienen vitalidad física, autonomía y proyectos personales más allá de los sesenta. Esta realidad demográfica invita a reconsiderar los esquemas mentales heredados sobre la madurez.

Pere Estupinyà, químico y comunicador científico, plantea en su última obra una pregunta deliberadamente provocadora: ¿qué aspiraciones personales perseguimos cuando nos adentramos en la longevidad? Su enfoque rechaza el paradigma obsesionado con añadir décadas al calendario biológico. En su lugar, subraya la relevancia de diseñar con anticipación el entorno relacional, geográfico y emocional en el que transcurrirá esa fase prolongada.

Redefinir la edad desde otra perspectiva

Tradicionalmente, la cifra cronológica ha dominado la clasificación de las etapas vitales. Sin embargo, investigadores en demografía proponen medirla también por el tiempo restante estimado, no solo por los años transcurridos. Este concepto de edad prospectiva altera la psicología de la planificación: quien percibe décadas por delante toma decisiones con horizontes más amplios, invierte en relaciones duraderas y mantiene abierta la puerta a nuevas experiencias.

La distinción entre tercera y cuarta edad cobra relevancia en este marco. La primera agrupa a quienes conservan autonomía funcional, capacidad de movimiento y gestión independiente de su cotidianidad. La segunda comienza cuando aparecen limitaciones significativas en la autosuficiencia. Esta frontera no está marcada por una edad fija: puede situarse en la octava o novena década, dependiendo de factores genéticos, hábitos acumulados y contexto socioeconómico.

Datos que sustentan el optimismo demográfico

Las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística sitúan la esperanza de vida femenina en España cerca de los 86 años, mientras que la masculina ronda los 80. A mediados de siglo, se estima que el país albergará más de 200.000 centenarios, multiplicando por más de diez la cifra actual. Este cambio demográfico no es exclusivo de España: sociedades industrializadas de Europa, Asia Oriental y América del Norte registran tendencias similares.

IndicadorValor actualProyección 2050
Esperanza de vida (mujeres)86 años88-90 años
Centenarios en España16.000200.000
Población mayor de 65 años19%30%

Estos números exigen replantear infraestructuras urbanas, políticas de jubilación, modelos de vivienda colaborativa y redes de cuidado comunitario. Pero también abren ventanas para iniciativas personales que antes se consideraban inviables pasados los cincuenta.

El bienestar subjetivo en la madurez prolongada

Diversos estudios longitudinales indican que la satisfacción vital describe una curva en forma de U a lo largo de la existencia. La juventud temprana suele asociarse con niveles altos de felicidad, seguidos de un descenso en la mediana edad —periodo marcado por responsabilidades laborales y familiares intensas—, para remontar en el intervalo comprendido entre los 55 y los 80 años.

"Las personas que se sitúan en este tramo etario reportan menor ansiedad por la presión social, mayor aceptación de sí mismas y una gestión emocional más equilibrada que en décadas previas."

Esta tendencia estadística no implica ausencia de desafíos: la pérdida de seres queridos, la aparición de enfermedades crónicas o la soledad no deseada siguen siendo riesgos reales. Pero el promedio revela que, cuando se mantiene la salud funcional y existen vínculos estables, la experiencia subjetiva de bienestar se fortalece.

Planificar el ecosistema vital

Estupinyà insiste en que la pregunta clave no es cuántas velas soplaremos, sino con quién compartiremos esa celebración. La red social próxima —amistades profundas, familia elegida, compañeros de aficiones— constituye el factor protector más sólido frente al deterioro cognitivo y emocional. Mantener vínculos activos requiere inversión consciente: llamadas regulares, encuentros presenciales, participación en actividades grupales.

El dónde también importa. Mudarse a entornos con servicios accesibles, transporte público eficiente y espacios verdes favorece la movilidad autónoma. Algunas personas optan por comunidades intergeneracionales, donde conviven habitantes de distintas edades y se comparten recursos. Otras prefieren núcleos urbanos compactos que minimizan desplazamientos.

  • Evaluar la proximidad a centros de salud y farmacias.
  • Comprobar la existencia de espacios culturales y deportivos adaptados.
  • Considerar la climatología y su impacto en patologías articulares.
  • Analizar la oferta de vivienda colaborativa o cohousing.

El papel de los hábitos acumulados

La autonomía en la octava década no surge por azar. El ejercicio físico regular —especialmente actividades que combinan fuerza, equilibrio y resistencia cardiovascular— reduce drásticamente el riesgo de caídas y fragilidad. La estimulación cognitiva continua, ya sea mediante aprendizaje de idiomas, instrumentos musicales o habilidades manuales, contribuye a la neuroplasticidad.

La nutrición desempeña un rol menos visible pero determinante. Dietas ricas en vegetales, legumbres, pescado azul y frutos secos se asocian con menor inflamación sistémica y mejor función endotelial. El control del consumo de alcohol y la eliminación del tabaco siguen siendo pilares innegociables.

Retos pendientes en el sistema de cuidados

A pesar del optimismo demográfico, persisten brechas estructurales. Las mujeres asumen todavía la mayor parte del trabajo de cuidado no remunerado, lo que limita su capacidad de desarrollar proyectos personales. La brecha de género en pensiones perpetúa la vulnerabilidad económica femenina en la vejez. Las zonas rurales sufren despoblación y carencia de servicios especializados, empujando a muchas personas mayores a migrar a ciudades.

La solución pasa por políticas integrales que incluyan permisos de cuidado flexibles, inversión en servicios públicos de atención domiciliaria, fomento del empleo senior y adaptación de viviendas para envejecimiento en el lugar. El debate sobre la longevidad no puede reducirse a intervenciones biomédicas; requiere transformaciones sociales profundas.

Esta información no sustituye el consejo de un profesional cualificado en geriatría, medicina familiar o trabajo social. Consulte con especialistas antes de tomar decisiones relacionadas con salud, vivienda o planificación financiera en la etapa de madurez.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia existe entre edad cronológica y edad prospectiva?

La edad cronológica mide los años vividos desde el nacimiento. La edad prospectiva, en cambio, considera también los años restantes estimados según la esperanza de vida. Esta última perspectiva influye en la toma de decisiones y en la percepción de oportunidades futuras.

¿A partir de qué momento se considera que comienza la cuarta edad?

No existe una cifra fija. La cuarta edad se define por la pérdida significativa de autonomía funcional, no por el calendario. Puede iniciarse en la octava o novena década, dependiendo de la salud acumulada, la genética y el entorno socioeconómico.

¿Por qué el bienestar subjetivo aumenta después de los 55 años según los estudios?

Las investigaciones sugieren que en esa etapa disminuyen las presiones laborales y familiares intensas, mejora la aceptación personal y se desarrolla una gestión emocional más equilibrada. La curva de felicidad en forma de U refleja esta tendencia estadística.

¿Qué factores geográficos conviene valorar al planificar la longevidad?

Es importante evaluar la proximidad a servicios sanitarios, la disponibilidad de transporte público, la presencia de espacios verdes, la oferta cultural y deportiva adaptada, el clima y las opciones de vivienda colaborativa o cohousing.

¿Cuáles son los hábitos más determinantes para mantener autonomía en la vejez?

El ejercicio físico regular que combina fuerza, equilibrio y resistencia cardiovascular, la estimulación cognitiva continua mediante aprendizaje, una dieta rica en vegetales y pescado azul, y la eliminación del tabaco son los pilares fundamentales para preservar la funcionalidad.

Valeria Gutiérrez

Escrito por Redactora de Salud

Valeria Gutiérrez

Valeria Gutiérrez es licenciada en Nutrición Humana y Dietética, y desarrolló su trayectoria profesional en publicaciones de divulgación sanitaria durante ocho años. Se incorporó a A de Aurelia en 2016, donde aborda los protocolos alimentarios avalados por evidencia clínica y las políticas de salud pública de proximidad.

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