Durante los días que dura la campaña electoral, nuestras calles se vuelven de un color rojo y azul insistente, omnipresente, que inunda el pensamiento social, el subconsciente colectivo, las calles y todo nuestro espacio publico.
La campaña de propaganda política se vuelve grotesca, ademas de ser molesta a la vista, supone una vergüenza por el gasto millonario que demuestra la fuerza económica de cada uno de los partidos.



